lunes, 23 de febrero de 2009

La muerte de mis noches

Fue la gloria rozar su tibio pelo.
Como gloria fue, como gloria es, mirar en sus ojos de calma después de mi tormenta.
Pero esa calma a veces no es, y en ellos, en sus ojos infinitos, puedo ver un mar enfurecido, un enloquecido huracán.

La mañana llega a despertarme nuevamente, y puedo sentirla, es la tristeza que aún sigue aquí.
Ella espera junto a mi, sigilosa, paciente como un buen asesino, y en la noche, con certero disparo
es autora de mi muerte.
De mi muerte, de la muerte e mis noches.
Esa que llega con el desvelo, entre un tumulto de voces atrapadas en mi mente, un tumulto de ojos, de risas rotas, de viejas súplicas.

Los recuerdos, despiadados, agobiantes, empapados en locura, se encarnizan en mis sienes y cautivan mi corazón para el sacrificio.
Sujetan tenazmente mis muñecas y tobillos, aniquilando por completo aquello que alguna vez fui.

Ah muerte de mis noches, no concibo el olvido.
La vida es sólo un sueño en el camino hacia ti.

1 comentario:

Juana dijo...

"Fue la gloria rozar su tibio pelo.
Como gloria fue, como gloria es, mirar en sus ojos de calma después de mi tormenta"

Bellísismo, de veras...
La tristeza no es tan calma, ya lo creo, esconde y avecina un vendaval si no se la calma..