jueves, 26 de febrero de 2009


Cada noche
entre reproches y algunas lágrimas
le explico a mi almohada
por qué tuvimos que dejarnos ir.

Presagio

Crónica de una muerte anunciada nuestra historia.
Nuestra historia en la que un enorme remolino nos envolvió y mantuvo elevándonos y hundiéndonos durante ¿demasiado tiempo?
Un remolino feroz que no nos perdonó, y nos azotó mil veces contra el suelo, al tiempo que nos hizo volar y soñar con ese cielo que veíamos pero que nunca pudimos alcanzar.
Sí, hubo amor, y lo hay, un amor inmenso pero no más fuerte que el morboso remolino.
Hubo sueños, risas, pasión y ternura, hubo todo lo que creímos que era suficiente. Pero ni un amor tan grande puede con los tironeos incesantes de la desconfianza, ese atroz remolino.

lunes, 23 de febrero de 2009

Sin título


Llueve tenazmente en esta noche vacía.
En esta noche vacía de palabras, de besos, de ilusiones, de caricias infinitas y sudor en el cuerpo.
Vacía de llanto, de reproches y de abrazos.

Amo la lluvia.
Esa que siempre está cuando surge el abismo.
Amo la lluvia que borra, que arrasa, que limpia, que emula ese llanto que no sale de mí.
La lluvia que en noches vacías como esta llega con el desvelo a sosegar este tedio.
Y el amor entristecido se aquieta en el susurro de la hermosa sinfonía de ese llanto cayendo implacable sobe el techo podrido de aquel viejo spleen.

Llueve tenazmente en esta noche vacía,
que sin darme cuenta se va llenando de mí.

Montaña rusa de emociones día a día en mi vida.

Con ella o sin ella no se cómo vivir.

Mis fantasmas, los suyos, el temor, la rabia.
Lo que fue, lo que es, lo que ya no será.

Bocas mudas, ojos ciegos, eterno resabio del amor funesto.
Mi vida gira, sube y baja, se retuerce, sin poderla dominar.

Mi noche vacía, mis miedos, mi amor, mi locura, mi ternura, mi odio, mi lluvia, mi flor, mi spleen, mi libido, mis sueños, mi desvelo, mi cansancio, mi tormento, mi calma, mis palabras, mis silencios, mis fantasmas, mis certezas, mi mente, mi alma, mi cuerpo, todo gira, se mezcla, se envuelve, se retuerce, sube y baja, sin poderlo dominar.

El spleen perpetuo de mis noches frías.
El dolor, la algarabía, el sentir que me amás.

Llueve tenazmente en esta noche vacía,
Que ceñida en mis palabras se convierte y ya no es más.

El sueño roto

Y el sueño nació, y se deshizo en el aire demasiado raudo.
Pero la congoja que yace en mi, que nació en mi un día, ya no se deshace, no se aleja.

Yo volví a aquel lugar en donde por un rato había sido un poco feliz.
Entonces estaba junto a mi, entonces reímos mil veces , entonces amé la vida.

Creyendo más que nunca en el eterno retorno, volví, mi luz, a aquella playa, pero esta vez sola,
más sola de lo que alguna vez pude estar.
Y en el mismo lugar en que reí y te sentí tan cerca de mí, dejé más tarde gravado mi llanto eterno, mi dolor infinito, esta vez junto a mi sólo la soledad.

Y el sueño roto ha caído vencido.
A lo lejos mi estrella tiembla, a lo lejos.
Y el sueño roto se duerme lentamente, mientras el pobre corazón siente el vacío.

Temores- contradicciones- ironía

Habitan en nosotros aunque querramos rehuirles incansablemente, aunque que ironía nos de miedo aceptar que le tememos a temer...

Le tememos a la soledad, como a las multitudes.
Le tememos a la frustración, como a triunfar y luego no saber que hacer.
Le tememos a la indiferencia, más miedo nos da una mirada.
Le tememos a la mentira, pero es mayor el miedo a una verdad.
Le tememos a decir te quiero, pero el temor de escuchar un te quiero a veces nos paraliza.
Le tememos a la tristeza, pero cuán más aún a la felicidad.
Le tememos al desamor porque nos vacía, y al amor porque nos ata.
Le tememos a la pregunta, más miedo nos da una respuesta.
Le tememos a la rutina y su monotonía, pero el cambio nos llena de temores.

Y que contradictorio, y ¿cómo no temer de todas estas cosas?,
si le tememos a la muerte, pero más aún a la vida.
Exquisita criatura
que tu belleza desborda tan brutalmente
los límites de lo real.
Ven a encender con tu fuego inmortal
este lecho de sombras inertes,
plasmadas en cada pared, en cada rincón de este cuarto fúnebre que socavan esta alma entristecida.

Sin título

"No creo en Dios, abjuro y reniego de todo pensamiento,
y en cuanto a la vieja ironía, el amor,
quisiera que no me hablaran más de él."

Toda la noche el cielo
ha llorado, desconsolado, enfurecido, como queriendo terminar con todo.
Yo he visto desde mi ventana mi flor caer vencida, ante los azotes de la lluvia indolente.
Y he visto en el espejo el reflejo de mis ojos resignados.

Pero ¿cómo?.
¿Cómo librar a mis cosas amadas del inevitable FINAL?
Entonces me pregunto: ¿ a dónde irán a parar las cosas más simples, que a mi juicio son las más preciadas e incomprendidas?

¿A dónde irán las flores que caen junto a mi flor,
a dónde la fugáz mariposa,
a donde habrá huído aquella gaviota,
a dónde vuela herido el triste cantar,
a dónde la vida?.
Una vez pensaba ser libre
y ahora no puedo moverme.

La muerte de mis noches

Fue la gloria rozar su tibio pelo.
Como gloria fue, como gloria es, mirar en sus ojos de calma después de mi tormenta.
Pero esa calma a veces no es, y en ellos, en sus ojos infinitos, puedo ver un mar enfurecido, un enloquecido huracán.

La mañana llega a despertarme nuevamente, y puedo sentirla, es la tristeza que aún sigue aquí.
Ella espera junto a mi, sigilosa, paciente como un buen asesino, y en la noche, con certero disparo
es autora de mi muerte.
De mi muerte, de la muerte e mis noches.
Esa que llega con el desvelo, entre un tumulto de voces atrapadas en mi mente, un tumulto de ojos, de risas rotas, de viejas súplicas.

Los recuerdos, despiadados, agobiantes, empapados en locura, se encarnizan en mis sienes y cautivan mi corazón para el sacrificio.
Sujetan tenazmente mis muñecas y tobillos, aniquilando por completo aquello que alguna vez fui.

Ah muerte de mis noches, no concibo el olvido.
La vida es sólo un sueño en el camino hacia ti.

Sin título

Cada vez que rompo en llanto como una niña, ahí estás dulce puñal, como el dolor más inmenso.
Flotando a través del tiempo se halla la melancolía.
El vacío que deja el amor efímero desata la corriente lúgubre de una mentira.
Retorciéndose en mi psiquis mis amados anhelos de un tiempo bueno.
¿Puedes notar en mis ojos la agonía?
Mi flagelado, abatido corazón es tuyo.

En mi mente

Ella murió, murió la vida.
Murió el eterno solsticio que me daba.
Murió la mirada, miles de estrellas murieron de pena.

Ella murió, ella está muerta ahora.
Ella está muerta, muerta, muerta.
Ella está muerta en mi mente.